Androides en el sector agroalimentario y sexual

By
Updated: junio 12, 2023

Pablo Bolaño vuelve a las andadas y, desde su atalaya apocalíptica, nos muestra cómo los robots ya están tomando las riendas del sector agroalimentario. Según el autor, “el principio del fin”…

Eran los años después del deshielo de los polos por los gases de efecto invernadero.
Los océanos habían ahogado tantas ciudades en las costas del 
mundo.
Amsterdam, Venecia, Nueva York, perdidas para siempre.
Millones de personas fueron desplazadas. El 
clima se volvió caótico.
Cientos de millones se morían de 
hambre en países pobres.
En otros lados, había 
progreso ya que muchos gobiernos colocaron penas legales para
el 
control natal, que fue la razón por la que los robots,
que no comían ni consumían recursos, más allá de los de su manufactura,
se volvieron un eslabón económico esencial en la cota de malla de la 
sociedad…
Anónimo literario

Para muestra un botón. El servicio de reparto en hostelería mediante robots autónomos y 100% eléctricos lo acaba de iniciar Pascual en colaboración con el operador logístico Goggo Network. El objetivo de esta iniciativa, según sus responsables, es “complementar el servicio de reparto tradicional, facilitando las entregas en zonas urbanas y reduciendo la contaminación y la congestión del tráfico en las ciudades”. Desde Pascual aseguran que el proyecto ya está totalmente consolidado y a pleno rendimiento en Zaragoza, ciudad donde se lleva a cabo la iniciativa piloto. Pedro Marín, director de Logística y Planificación de Pascual, ha destacado que «esta iniciativa se enmarca en nuestra estrategia de ofrecer soluciones de entrega más sostenibles y eficientes para los clientes de hostelería y, a su vez, contribuir a la protección del medio ambiente y reducir la congestión del tráfico en las ciudades”. Pascual quiere “seguir dando valor a la profesión logística, utilizando en este tipo de entregas más costosas, que se realizan sobre todo en el centro de las ciudades, a los vehículos autónomos; dejando el trabajo de valor añadido a las personas y desprecarizando, de esta manera, la profesión”. Hombre, que Pascual nos hable de sostenibilidad tiene mucha ironía, la verdad. En fin, desde hace unos años, todo el mundo es sostenible y todos se preocupan por el medio ambiente y el sufrimiento animal. Suponemos que las macrogranjas de la empresa, o a las que les compran parte de su leche, también son muy “sostenibles”… Pero volvamos al tema que hoy nos pcupa. Esto es sólo un paso más en el camino hacia la robotización social. Viviremos, pronto, rodeados de robots que lo harán todo por nosotros. ¿Cómo se ganará la vida la gente?

AGRICULTURA ROBOTIZADA
La robotización ya ha llegado al campo. Y, ahora mismo, está en su pleno apogeo. Tanto la ganadería como la agricultura son y serán cada vez más mecanizadas y guiadas por procesos deshumanizados. Desde EDS Robotics nos dicen: “La agricultura automatizada y la robótica agrícola son conceptos visionarios que han prometido cambiar la forma en la que las sociedades se aprovisionan de alimentos de altísima calidad gastando muchos menos recursos, con mínima manipulación y menos actividades pesadas inherentes al trabajo convencional del campo. Bajo el modelo agrícola 4.0 se espera que los robots autónomos puedan usar la visión artificial, así como inteligencia artificial, para crear entornos colaborativos, saludables y eficientes”. Digámoslo de otra forma: la agricultura familiar desaparecerá, los pueblos se desertizarán, los campesinos serán estampitas del pasado, veremos transformarse nuestros paisajes para mal y las máquinas robotizadas extenderán su dominio de las grandes urbes a las zonas de producción de alimentos. Los voceros del nuevo orden androide señalan: “La tecnología robótica aplicada al sector agrícola se encuentra en un estado de desarrollo avanzado, con algunas realizaciones ya plenamente comerciales y otras validadas a nivel de prototipo. La inminente necesidad de aumentar la producción sin aumentar los recursos y minimizando el impacto ambiental demanda, tal vez de manera inexorable, dar el paso de la mecanización a la automatización de la agricultura, en donde la robótica agrícola tendrá un protagonismo destacado”.  Quienes escriben así son ingenieros, empresas de robótica, líderes de la inteligencia artificial, científicos a sueldo… ¿Pero qué alimentos comeremos? Alimentos que, en el mejor de los casos, serán nutricionalmente más o menos completos. Pero huecos de vida, de “baracka”, de alma… Alimentos robotizados que robotizarán nuestros organismos y nuestros pensamientos y sentimientos.

“Espero que el sector ‘bio’ no caiga también en la falsa utopía robótica.
Espero, casi con ingenuidad, que se mantengan las cosas como lo son ahora.
Porque, sinceramente, por más ‘bio’ que sea un restaurante…
no entraré en él si está gobernado por androides.
Tampoco comeré alimentos procedentes de procesos robotizados. Somos la resistencia”

EL CASO HOLANDÉS
Algunos “correveydiles” muy perspicaces de la industria robótica dicen que España debería seguir el caso holandés. Y nos comentan que sus productos agrarios son más baratos, porque todo el campo está robotizado. Y, al mismo tiempo, nos señalan que tienen a más gente que nosotros trabajando en la industria agraria, pero no en los campos, “sino en el valor añadido, y que, por tanto, tienen remuneraciones más considerables”. Supongamos que no es un farol. Supongamos que es cierto y que la industria agroalimentaria holandesa es un portento, una panacea, de trabajo bien pagado, de respeto ambiental y de reparto de la riqueza… Incluso en el caso (que dudamos muy seriamente) que sea tan idílico como lo plantean los tecnólogos a sueldo de la industria, ¿qué tipo de campo se estaría creando? Desaparecía la vida de los pueblos. Las zonas rurales se desertizarán más todavía y se instalarían en ellas ese tipo de personas, que no tienen sangre en las venas, que viven completamente al servicio de las máquinas y de procesos robotizados… No se oiría el bullicio de los niños en las aldeas. ¿Quién asistiría a misa el domingo o a la mezquita el viernes? ¿Los autómatas? ¿Quién bailará en las verbenas veraniegas? ¿Los androides? ¿Quién le llevaría a la abuela vecina, los jueves, las medicinas de la tensión, ya que no hay ni habrá farmacias en la villa? ¿Se las llevará un dron? Ver las cosas sólo desde un prisma materialista es un suicidio. Esto es lo que hemos hecho en los últimos siglos y así nos va.

SECTOR “BIO”
Espero que el sector “bio” no caiga también en la falsa utopía robótica. Espero, casi con ingenuidad, que se mantengan las cosas como lo son ahora. Porque, sinceramente, por más “bio” que sea un restaurante… no entraré en él si está gobernado por androides. Tampoco comeré alimentos procedentes de procesos robotizados. Somos la resistencia. Tenemos que imponer la lucha por la salvaguarda del sentido común y la justicia social. Me da igual que una manzana sea ecológica si procede de un entorno altamente tecnologizado. ¿Para eso hemos luchado durante tantos años? Queremos alimentos sanos, sabrosos y seguros. Pero, sobre todo, queremos alimentos con alma, con vida. En la India legendaria, las personas que satisfacían las necesidades alimenticias de las personas tenían una consideración especial. Porque alimentar a un ser humano es darle la vida, darle la salud, la energía, la vitalidad… a toda la Humanidad. ¿A partir de ahora nos van a alimentar las máquinas? Como los antiguos “ludditas”, habrá que desafiar al nuevo orden llevando a cabo todo tipo de actos de resistencia… Desarticularemos robots y enarbolaremos la bandera antitranshumana… Saboteemos los planes de robotización: no compremos productos que procedan de procesos generados y guiados por autómatas. Exijamos claridad al respecto en los etiquetajes. Artesanos del mundo, uníos.

PEDIRLE EL MENÚ A UN ROBOT…
Aún recuerdo cuando era pequeño… Me gustaba ir con mi padre a un humilde restaurante de mercado de barrio. Todo estaba riquísimo porque era fresco y muy vivo. Sí, había fritangas a punta pala… pero daba igual. Un camarero se encargaba de un montón de mesas… El individuo tenía una vista de lince. Controlaba todas las mesas de un vistazo. Con su libretilla y su bolígrafo (Bic), apuntaba lo que querían en una mesa mientras iba limpiando los restos del ágape de la otra. Aquellos camareros eran unos genios, gente iluminada, superdotados… Hoy, un camarero se ocupa sólo de tres o cuatro mesas y es más lento que la moto de Torrebruno. Según BarTalentLap, “uno de los factores más difíciles de automatizar es la facultad de ayudar o asistir a otras personas. Es decir, en un restaurante, lo ‘sustituible’ de la brigada de sala sería la comunicación que suponen con la cocina y el transporte de platos y utensilios. Sin embargo, las diversas funciones de camareros y camareras tienen que ver también con hacer sentirse cuidado, bienvenido y atendido al cliente. Tareas que rara vez podrá reproducir un robot de la misma manera. De acuerdo al mismo estudio, el trabajo de los y las chefs también es automatizable, pero en menor medida. Hoy en día, alrededor de 1,7 millones de profesionales se dedican a la hostelería en España. Si la automatización se vuelve cada vez más rentable y usual en los establecimientos, ¿cuál es el futuro de esos profesionales?”. Me niego por completo a que me asista un robot cuando voy a comer… Pues hasta ahí podíamos llegar. Ya me parece demasiado extravagante tomar un café en una máquina de vending… cuando estás en un pasillo de hospital mientras atienden a tu madre. Como para pedirle unos churros y un cortado a un androide… ¿Nos hemos vuelto locos?

ROBOSEXUALIDAD
Zheng Jiajia, un ingeniero chino de 31 años, experto en inteligencia artificial, se casó con una mujer robot construida por él mismo, harto de no encontrar una esposa humana. La noticia es de hace cinco o seis años. A la ceremonia asistieron la madre, amigos y compañeros de universidad de Zheng, según informaron varios medios chinos. La novia, creada por Zheng en el 2016, se llama Yingying (parece cachondeo) y, según el novio, su relación comenzó al poco de haber sido diseñada. Un noviazgo precoz para ella y rápido para los dos. El ingeniero no tenía pareja desde que le dejó la chica con la que salía mientras estaba en el instituto. Así que al final optó por fabricarse su propia esposa, después de que su familia y amigos –medio en broma, medio en serio– llevaran tiempo presionándolo para que se casara. Pero el caso es que un australiano ha seguido sus pasos. Se trata de Geoff Gallagher, un hombre que ha tomado una decisión particular: casarse con una mujer robot, a quien llama Emma. La encontró en una tienda. “Aunque no estamos legalmente casados, pienso en Emma como mi ‘esposa robot’, aseveró Gallagher a 7News. “Lleva un diamante en su dedo anular y lo considero un anillo de compromiso. Me encantaría ser la primera persona en Australia en casarse con un robot”, dijo Gallagher. Sin embargo, ¿cómo empezó toda esta historia de romance? De acuerdo con 7News, todo ocurrió cuando falleció su madre hace diez años. Fue en esos momentos de tristeza que nunca pudo encontrar “el amor de una mujer”, y se quedó solo con Penny, su perro. El giro se daría dos años después del fallecimiento, al navegar online por una tienda de robótica. Desde el caso de estos dos ejemplos, más hombres y mujeres se han “emparejado” con androides. Es de esperar que la cifra siga aumentando, habida cuenta de la soledad que reina en nuestra sociedad y de que los robots serán cada vez más perfectos. También aumentarán los polígamos emparejados con androides y los prostíbulos robotizados. No es de extrañar. Además, vivimos en un tiempo de gran egoísmo. Con una pareja real hay que negociar, dialogar, ceder… Con un robot no es necesario. Y, cuando te canses, lo echas al contenedor de tecnología y te compras otro. ¿Hará falta divorciarse? ¿En qué medida la obsolescencia programada hará que los matrimonios humanos/androides sean cada vez más efímeros? ¿Serán más efímeros todavía que los matrimonios entre humanos, si es que quedan?
En fin, estoy deseando que una gran debacle ecológica ponga fin a toda esta locura (que no deja de ser una distopía) y quede restaurada una sociedad en la que muchas cosas sean como en aquel restaurante al que iba con mi padre allá por los años 60…