SUSPENSO EN CONSUMO INTERNO / Descenso del 0,89% respecto a 2023

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Updated: enero 13, 2026

Sí, sí, seguimos siendo unos grandes productores de alimentos ecológicos. Pero el consumo no sólo está algo estancado, sino que desciende. En 2024, bajó un 0,89%. No es un dato halagüeño. El gasto per cápita se situó en 59,44 euros, con un 94,2% del consumo realizado en el hogar. Es decir, que hemos descendido de 60,65 euros a 59,44. Y, por otro lado, está claro que la Administración no se ha puesto las pilas en el asunto de discriminar positivamente la compra pública hacia el producto orgánico. Resumen: es la ciudadanía responsable quien sigue tirando del carro “bio”.

Los datos, correspondientes al Análisis de la Caracterización y Proyección de la Producción Ecológica publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, indican que, en 2024, además de haber exportado por un total de 3.884 millones de euros, las importaciones se redujeron a la mitad, hasta 782 millones de euros, lo que permitió que la balanza comercial ecológica se elevara hasta 3.102 millones, el máximo de la serie histórica. Efectivamente, son datos muy positivos en lo que respecta a las exportaciones. Pero seguimos suspendiendo rotundamente en lo que respecta al consumo interior. La Administración no apoya al sector ecológico ni con un IVA 0 ni con una discriminación positiva en la compra pública. Pero las razones del estancamiento del sector ecológico también son estas:

-Inflación y poder adquisitivo: El aumento de los precios de la vivienda y la inflación general han reducido la capacidad de compra de los consumidores, afectando especialmente al sector ecológico, que suele tener precios más altos que los productos convencionales. Muchos españoles, aunque interesados en la alimentación saludable y sostenible, no pueden permitirse estos productos debido a la situación económica coyuntural.

-Desconfianza y confusión ante las certificaciones: La proliferación de etiquetas y sellos ecológicos, junto con la falta de claridad y el greenwashing (publicidad engañosa sobre supuestas ventajas ambientales), han generado escepticismo entre los consumidores. La confianza en las certificaciones ecológicas ha caído del 55% en 2019 al 46% en 2023, lo que desincentiva la compra salvo en el caso de los consumidores más activistas.

-Inestabilidad global y contexto macroeconómico: La incertidumbre económica y los vaivenes del mercado internacional también han contribuido a frenar el crecimiento del consumo ecológico. La incierta situación política en España, la cada vez más precariedad de la estabilidad gubernamental, no augura buenos tiempos para la lírica en un mercado, el ecológico, al que le está costando luchar contra tantos inputs negativos.

LOS DESTINOS
Somos uno de los grandes productores europeos y mundiales en producción ecológico. En olivares y viñedos nadie nos hace sombra. En cítricos también llevamos ventaja. Los principales destinos de las exportaciones españolas en 2023 han sido Alemania, Francia y Países Bajos, y, fuera de la Unión Europea, Estados Unidos, Corea del Sur, Reino Unido, Suiza y Japón. Parecen datos espectaculares. Pero no tanto. Porque España mantiene su liderazgo europeo en 2023 en superficie de cultivo ecológico, con 2,95 millones de hectáreas, equivalentes al 12,31% de la superficie agraria útil (SAU), pero la producción ecológica alcanzó 3,75 millones de toneladas, un 24,06% menos que en 2023. O sea, que no estamos para tirar cohetes.

CONSUMO INTERNO
El gasto de los consumidores españoles en productos ecológicos alcanzó en 2024 los 2.890 millones de euros, un descenso del 0,89% respecto a 2023. El gasto per cápita se situó en 59,44 euros, con un 94,2% del consumo realizado en el hogar. Hemos descendido. No sólo no hemos subido, sino que hemos bajado. Un buen dato hubiera sido llegar a los 70 euros en consumo per cápita. Los productos ecológicos representaron el 3,2% del gasto total en alimentación. Este último dato también es engañoso. Porque aunque podemos decir que el 3,2% del gasto total en alimentación no está mal, no es tan positivo si tenemos en cuenta que los precios de los alimentos ecológicos suelen ser más altos que los de los alimentos convencionales.

LA DISTRIBUCIÓN
Y en cuanto a los canales de distribución, las tiendas tradicionales concentraron el 29,1% del consumo, seguidas de supermercados (28,6%), tiendas de descuento (11%), hipermercados (10,1%) y comercio electrónico (3,3%), mientras que otros canales sumaron el 21,1% restante. La cuota de mercado de supermercados y tiendas de descuento continuó en aumento, mientras que los hipermercados retrocedieron ligeramente y el comercio electrónico mantuvo su crecimiento. Triunfan establecimientos como Veritas, Herbolario Navarro, Espacio Orgánico… Las tiendas de siempre no acaban de agotarse y el consumo “bio” en grandes superficies no acaba de despegar. Es muy positivo corroborar que nada más y nada menos que más de un 20% del consumo ecológico español escapa a los canales al uso: ferias, cooperativas, ventas en la propia finca… Directo del productor al consumidor: esto sí nos parece muy halagüeño.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
Las causas de la parálisis son variadas y diversas. Ya hemos apuntado algunas. Pero, ¿cómo es posible que, con todo en contra, el sector ecológico y el consumo interno “bio” fuera avanzando tanto durante décadas y ahora, con todo a su favor (mayor información, predisposición de los consumidores, buena disposición de la Administración), no siga aumentando al paso de otros tiempos? Déjenme decirles algo… Durante lustros y décadas, quien movía los hilos del sector ecológico era gente muy activista. Para aquellos hombres y mujeres el mundo “bio” no era un negocio, sino una forma de vivir, de estar en el mundo, de habitar la Tierra y el cosmos con acuerdo a sus ideas. Ahora, los y las que gobiernan el sector orgánico tienen idiomas, son expertos/as en marketing, diestros/as en informática y más que competentes en relacionrd sociales. ¿Pero para qué les sirve todo eso si han perdido la conexión con las raíces? Déjenme que desconfíe de esos ecopijos (con perdón) que antes vivían de forma humilde y que hoy ostentan grandes “casoplones” (ecoeficientes, eso sí) en las que brilla por su ausencia el apego a la tierra y a la modestia. Como aquellos luteranos de ayer y de hoy, en el negocio han puesto las ilusiones de su salvación. Pero el mundo no necesita más graduados en prestigiosas facultades de Economía de renombradas universidades, ni duchos en mercadotecnia, sino gente que se crea lo que hace, que sea humilde, que practique una eco-no-mía real lejos de la actividad usuraria y especulativa, ecoemprendedores independientes por completo ajenos a las malas compañías de los fondos de inversión y sus afines… Al sector ecológico le pasa lo mismo que a algunos músicos. Empiezan muy bien, hacen las cosas con honestidad, obtienen el beneplácito del público y triunfan… Luego, les gusta el dinero, se vuelven ostentosos, comercializan sus músicas, liman las asperezas de sus mensajes con la intención de gustar a todos y todas… Y acaban fracasando o gustando sólo a los que no escuchan música. Pues eso. Me quedo con la gente que está en esto por un compromiso emocional/espiritual. Los demás, los que se visten de cordero, no me interesan. Y a una parte de los consumidores, tampoco. En ese contexto incierto, BioCultura continúa siendo una bastión incólume de ese sector orgánico que todos anhelamos: menos consejos de «expertos», y más conciencia y honestidad.